Una mancha oscura en una imagen del cielo puede parecer un lugar donde no hay nada. En realidad, puede ser una nube de gas y polvo que oculta estrellas lejanas. Dentro de ese material frío nacen estrellas calientes. ¿De dónde sale el calor si al principio no existe un horno estelar?

Una estrella se forma cuando una parte de una nube se contrae por su propia gravedad. La caída y la compresión del material calientan el centro, donde aparece una protoestrella que continúa ganando masa. Puede emitir energía antes de que la fusión sostenida del hidrógeno ordinario se convierta en su fuente principal. El inicio del colapso, la aparición de una protoestrella y la entrada en esa larga etapa estelar son sucesos distintos. NASA: nacimiento y vida de las estrellas.

El material ya está entre las estrellas

Una nube molecular es una región fría de gas interestelar mezclado con polvo, donde gran parte del hidrógeno se encuentra en moléculas H₂: dos átomos unidos. El gas aporta la mayor parte de la masa; los granos de polvo destacan especialmente por su efecto sobre la luz. Algunas regiones frías tienen temperaturas de unos 10 kelvin, aproximadamente −263 °C. Es un ejemplo de las condiciones, no una temperatura a la que cualquier nube produzca automáticamente una estrella. NASA: los entornos donde nacen estrellas.

La nube es irregular: contiene filamentos, grumos y núcleos más densos. Por eso no debemos imaginar que una nube enorme cae entera hacia un punto y se convierte en un único Sol. Dentro pueden formarse muchos objetos separados, mientras buena parte del material permanece como gas o se dispersa.

El frío ayuda: a igual densidad y composición, un gas más frío tiene menor presión térmica. Pero frío no significa inmóvil. El gas se mueve, gira e interactúa con un campo magnético. La presencia de gas y gravedad no basta para determinar su destino.

No todos los grumos colapsan

Cada parte de la materia atrae a las demás. Si una región está suficientemente ligada por su propia gravedad en comparación con los efectos que la sostienen, puede comenzar un colapso gravitatorio: una contracción rápida con gas que cae hacia dentro. Se oponen la presión térmica, los movimientos del gas y las fuerzas magnéticas. Las condiciones dependen de la masa, el tamaño, la temperatura y el entorno; no existe una única «densidad de nacimiento estelar» universal.

Los movimientos irregulares del gas, la turbulencia, cumplen dos funciones. Pueden reunir material en zonas más densas, pero también dispersar un grumo o sostenerlo frente a la gravedad. Algunos núcleos se deshacen sin producir una estrella. Por tanto, un borde brillante de nebulosa o un nudo oscuro en una imagen no demuestra por sí solo que allí ya esté ocurriendo un colapso. McKee y Ostriker: gravedad, turbulencia y estabilidad de las nubes.

La compresión calienta el gas. El aumento de temperatura eleva la presión térmica y puede frenar la compresión posterior. Durante las primeras etapas es importante que la energía pueda escapar como radiación: las moléculas y el polvo ayudan a enfriar el material. Así puede aumentar la densidad sin que la temperatura crezca con la misma rapidez. ESA: el calor debe salir de la nube, Herschel: el papel del enfriamiento.

¿Cómo ayuda el frío a crear un objeto caliente? Facilita la contracción inicial. Más tarde, el centro se vuelve tan denso y opaco a su propia radiación que a la energía le cuesta más escapar. El material central se calienta con mayor intensidad y su presión puede sostener un objeto compacto mientras sigue cayendo gas exterior sobre él. El enfriamiento inicial y un centro caliente después son compatibles. El esquema omite breves transformaciones intermedias del centro. McKee y Ostriker: colapso inicial, sección 4.1.1.

De una nube fría a una protoestrella

1 Nube molecular

El gas y el polvo se distribuyen de forma irregular. Una región más densa no necesariamente está colapsando.

2 Colapso de una región

Flechas hacia dentro: caída de materia. Líneas onduladas hacia fuera: energía que escapa como radiación.

3 Protoestrella y disco

En el centro hay un objeto compacto caliente. Un disco giratorio le aporta materia; el crecimiento continúa.

Secuencia causal esquemática de formación de una estrella de poca masa, no imágenes de una sola nube ni una simulación numérica. Tamaños, distancias y colores son ilustrativos; no hay escala temporal. Pueden formarse varios objetos.

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Una región más densa tiene un tiempo gravitatorio menor

Imaginemos una esfera uniforme inicialmente en reposo, despreciando la presión, la rotación y las fuerzas magnéticas. Su tiempo de caída por su propia gravedad es:

t_(ff) = √((3π)/(32Gρ)).

Aquí ρ es la densidad de masa inicial en kg/m³, G es la constante gravitatoria y el resultado en unidades SI se obtiene en segundos. El producto Gρ tiene unidades de s⁻², por lo que su raíz cuadrada inversa sí proporciona un tiempo. McKee y Ostriker, ecuación 14.

Comparemos dos casos hipotéticos sin asignarles edades medidas:

ρ_(2) = 4ρ_(1),; (t_(2))/(t_(1)) = √((ρ_(1))/(ρ_(2))),; = √((1)/(4)) = (1)/(2).

En este modelo, cuadruplicar la densidad reduce el tiempo a la mitad. Con una densidad nueve veces mayor, el tiempo es un tercio. Es una escala temporal útil de la acción gravitatoria, no un reloj de toda la formación de una estrella real. Los efectos omitidos y el aporte continuo de material cambian la historia.

La protoestrella ya existe, pero sigue creciendo

Una protoestrella es un objeto central joven que aún se está formando y recibe activamente material de la nube circundante. La incorporación de materia a un objeto se llama acreción. La protoestrella y el núcleo de una nube representan escalas distintas: la primera es un cuerpo compacto dentro de una reserva de gas mucho mayor.

El gas suele tener movimiento de rotación. Al caer, no puede dirigirse todo en líneas rectas hacia el centro. La conservación del momento angular, una medida del movimiento de rotación, hace que el giro cobre mayor importancia al disminuir el tamaño. Parte del gas forma un disco de acreción aplanado, por el que el material llega a la protoestrella.

Un ejemplo es L1527, una protoestrella que Webb mostró dentro de una envoltura de polvo. En la imagen infrarroja, el disco aparece como una franja oscura cerca del centro brillante. No es el borde de una superficie sólida: el material denso del disco bloquea parte de la luz. Las observaciones muestran un objeto que acumula materia y a la vez expulsa parte de ella. NASA: L1527 y su disco.

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Por qué el disco no se limita a girar eternamente

Para acercarse a la protoestrella, el gas debe transferir parte de su momento angular a otro gas o sacarlo del sistema. Una posibilidad es un viento del disco ligado al campo magnético. Al llevarse materia y momento angular, puede facilitar que el gas restante se desplace hacia dentro.

En un estudio de HOPS 358, publicado el 6 de abril de 2026, las observaciones de ALMA revelaron un flujo molecular que gira en el mismo sentido que el disco. Los autores compararon su movimiento con modelos y obtuvieron indicios de un viento magnético del disco. Es una prueba de un mecanismo en un sistema concreto; no demuestra que todos los discos pierdan momento angular únicamente así. Kim y colaboradores: observaciones y modelo de HOPS 358.

Puede haber luz antes de la fusión sostenida del hidrógeno

La materia que cae en un campo gravitatorio gana velocidad. Su movimiento y compresión pueden transformar energía gravitatoria en calor, que puede salir como radiación. Por eso una protoestrella, junto con su disco y envoltura, ya puede ser una fuente infrarroja brillante. Para ello no hace falta que viva de la fusión sostenida del hidrógeno ordinario.

Cuando el objeto gana suficiente masa y su interior alcanza las condiciones necesarias, la fusión de hidrógeno en helio puede convertirse en su fuente principal de energía duradera. Es la secuencia principal, a la que pertenece el Sol. En una estrella de poca masa, entre la acumulación activa de masa y ese estado hay una evolución posterior que incluye contracción; un esquema de tres dibujos no fija una duración única para todo el proceso. NASA: calor inicial y secuencia principal.

No todos los objetos surgidos del colapso de una nube acumulan la masa necesaria. Una enana marrón puede formarse de manera parecida, pero no mantener la fusión prolongada del hidrógeno ordinario. Por tanto, una flecha de nube a objeto compacto no garantiza un futuro como el del Sol. NASA: enanas marrones y fusión del hidrógeno.

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Por qué precisamos de qué fusión hablamos

«Todavía no hay fusión sostenida del hidrógeno ordinario» no significa «ninguna protoestrella tiene reacciones nucleares». Durante las primeras etapas puede ocurrir fusión con deuterio, una forma pesada del hidrógeno. Entre otros, los modelos de Palla y Stahler describen su papel en la estructura de las protoestrellas. La historia detallada depende de la masa y del aporte de gas. Es una etapa diferente del suministro prolongado de energía por hidrógeno ordinario en la secuencia principal. Palla y Stahler: evolución de las protoestrellas.

El dibujo ordena las etapas; las observaciones ponen a prueba la explicación

Los astrónomos comparan nubes, núcleos densos, protoestrellas y estrellas jóvenes en distintas etapas. Las observaciones infrarrojas y de radio ayudan a estudiar la materia oculta en luz visible. Los espectros y el movimiento del gas aportan comprobaciones adicionales: no basta con una silueta parecida. La secuencia se reconstruye mediante muchos objetos y modelos físicos; no es una grabación acelerada de toda la vida de una estrella. Herschel: observación de distintas etapas.

Pongamos a prueba la explicación: en una nube oscura se encuentra una fuente infrarroja brillante con un disco. ¿Demuestra eso que ya mantiene la fusión del hidrógeno? No. La contracción y la acreción también aportan energía. Hacen falta otros indicios y un modelo del estado del objeto; el brillo por sí solo no identifica la fuente de energía.

Una nube fría se convierte en una cuna estelar allí donde la gravedad reúne materia y el enfriamiento inicial permite comprimirla. En el centro surge una protoestrella caliente que crece por acreción. Otra transición física conduce a una larga vida estelar: la fusión sostenida del hidrógeno, si el objeto gana suficiente masa. A continuación estudiaremos cómo esa fuente de energía sostiene al Sol durante miles de millones de años.